Desperté, el rayo de luz tuvo el tino para deslumbrarme al momento que abrí los ojos. Me acomodé en la cama y estiré el brazo a mi costado, donde esperaba encontrarlo dormido junto a mi... el espacio estaba vacío y la almohada fría. Tal vez salió a fumar un cigarrillo, pensé y volví a adoptar la posición de ovillo que adopto cada noche desde que tengo uso de razón. Tanta cama y ocupas un pedacito, solía decirme mi madre al llevarme a dormir. Mi cara estaba hacia la puerta, esperando verlo volver, pero mis párpados se negaban a seguir en vela un minuto más, por lo que me dormí de nuevo.
Desperté por segunda vez. Giré 180° sobre la cama. Seguía vacía. Me levanté, amarré de nuevo mi enmarañado cabello, me puse las pantuflas y salí de la recámara. Caminé por el pasillo hasta llegar a la sala. Vacía. Entré a la cocina, abrí la puerta del jardín... Estaba sola.
Volví dentro, con la interrogante en mi mente y en el alma. Caminé hacia el comedor. Sobre la mesa, una rosa, una nota y una vela a punto de apagarse. Se fue y no me despertó para decirme que se iba... no me despertó para decirme que me amaba...
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