Había despertado con la sensación de que había dejado algo importante en algún lado, de que la noche anterior había olvidado algo, pero no sabía qué. Sin embargo, puedo decir que el levantarme fue muy difícil, el moverme, complicado, y el continuar el día fue lastimoso y catastrófico. No sabía que me faltaba... No entendía nada.
Me movía libre en la seguridad de la rutina, el trabajo, la hora de comida con los compañeros del trabajo, la hora de salida, la llegada a casa, fuera zapatos, medias, falda, blusa. Hola pijama, cepillo y pasta dental, hola pantuflas de peluche en forma de conejo... Aún faltaba algo... No lo quise pensar.
Desperté a la mitad de la noche, no revisé el reloj, pues había escuchado por ahí que no era bueno revisar el reloj si se tiene insomnio... Me detuve a pensar en mil cosas, en mil situaciones y apareciste en mi recuerdo con fugaz brillo.
Dos días antes, nos habíamos visto después de mucho tiempo sin hacerlo, hacía mucho que no platicábamos, pero como era de esperarse, la plática se tornó tan espinosa y dolorosa que no quise continuar... Mis disculpas no eran suficientes, mis lágrimas no parecían sinceras ante tus ojos. Por honor y un poco de dignidad, me levanté de la mesa del café donde pasamos nuestros últimos aniversarios y me alejé de tí.
Mis lágrimas corrían a la derecha, mi cuerpo un ovillo entre las sábanas. Entonces comprendí todo: aquello que creaba el vacío era mi corazón ausente, que quedó hecho trizas debajo de tu zapato...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

EXCELENTE SEÑORITA...SABES QUÉ ES LO PEOR...QUE MUCHO TIEMPO ANDAMOS BUSCANDO ESE VACÍO, MUCHAS VECES SIN SABER QUE ES NUESTRO PROPIO CORAZÓN, YA QUE DICEN QUE "EL CORAZÓN ES UNA PESADA CARGA."
ResponderEliminar