Creo que me he vuelto loca... Desperté con alegría en el espíritu, sonrisas en un bolsillo listas para ser repartidas de puerta en puerta, de mano en mano. Intenté levantar mi cuerpo al nivel de mi ánimo, pero el ánimo estaba demasiado arriba para poder alcanzarlo incluso con escaleras.
El agua tibia de la regadera hacía contacto con mi cuerpo y recordé una canción que mi madre solía cantarme mientras me bañaba cuando era muy pequeña.
Las lágrimas se confunden con el agua que cae sobre mi cabeza, la nostalgia me come de a poco y me pierdo en mis pensamientos, sonrisas cristalinas de infancia, alegrías compartidas, travesuras escondidas... De mi infancia sólo quedan recuerdos rotos, trocitos de alegrías guardados en mis memorias.
Salí del baño con una toalla envolviéndome, mis sonrisas se habían escapado del bolsillo, mi alegría se había esfumado como el vapor que salía del baño. Noté que mi vida no sería jamás tan feliz como lo fue mi infancia, como tal vez no fue mi juventud y como imposiblemente llegaría a ser mi edad adulta.
Prendí la radio mientras me maquillaba y la música mejoró mi ánimo una vez más, en especial porque escuché una canción que hacía años no escuchaba, subí el volumen a su tope, y yo cantaba con todas las fuerzas que mi ser podía cantar. Había recolectado de nueva cuenta las sonrisas que desaparecieron por algún lugar de mi casa, como gotas de agua condensadas en la pared por el vapor después de bañarme.
Busqué a Mandú, mi gato siamés por la sala, el comedor y la cocina... Se había ido, y con él,
mi felicidad se esfumó una vez más...
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Me acaba de pasar lo mismo...felicidad momentánea que se fugó por quién sabe que coladera. Ahora me encuentro más cabreada y con ganas de mandar a la mitad del mundo a que se de un tiro. En fin...ya inventaremos alguna buena excusa para sonreír otra vez. Besos mi querida.
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