Con cada beso, cada sonrisa me hipnotizaste y lograste que cayera como en cámara lenta al piso. Con cada "te amo", con cada caricia me perdí en tu ser sin saber cuán dañino podría resultar. En realidad, no me importaba, pues en mi locura tenía por sentada tu existencia, tus besos, caricias, sonrisas y los te amo que hacían arder mi corazón y me fundían a tu esencia. Quise creer que serías para mí el agua de vida y el pan que alimentaría mi ser y mi alma para la eternidad y los años subsecuentes. Creí que tu presencia era lo único que necesitaba para sentirme vivo, que tu respiración era la mía y que tu corazón y el mío latían al unísono porque creía que éramos uno solo, no únicamente cuando tu cuerpo ardía con el mío, sino cuando dormías, cuando trabajabas, cuando comías, cuando llorabas...
Me obsesionó la idea de tenerte en mí para siempre, de ser tuyo desde siempre y para siempre. Hoy, mi orgullo bajó la guardia y puedo decir que me equivoqué, que no eres más que la adicción a la que toda mi vida me negué, porque siempre pensé que aquellos que dependen de una sustancia para vivir, son débiles... Me he dado cuenta de mi debilidad y te culpo por haberme enmarañado en esta situación de la que no me arrepiento, pero que desearía jamás haber vivido. Hubiera preferido jamás saber, jamás sentir lo que el amor era... porque hoy que estoy más conciente que nunca de mis errores, no sé cómo hacer para levantarme y seguir adelante... cómo hacer para olvidarte...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario