L' anima sparita

L' anima sparita

lunes, 2 de agosto de 2010

-Hoy me sobran las palabras para decirte cuánto me importas, tengo exceso de caricias para demostrarte cuánto te quiero. Hoy noté la troje que tengo de lágrimas para enseñarte cuánto te extraño en mi vida...-

Sentada en la banca del parque donde comúnmente me pongo a leer, comencé a mirar mi entorno, buscando sin buscar tu rostro, mirando sin mirar los árboles, las nubes, los pájaros, los edificios... A pesar de no quererlo, o queriéndolo con tanta fuerza, llegas a mi mente como un huracán que arrasa con todo lo que hay a su paso, que se lleva todos mis pensamientos para obligarme a pensar en tí.

Fue por eso que saqué el libro en turno de la bolsa, pero cada palabra me recordaba alguna experiencia, algún gesto, muchos momentos, muchas historias de mi vida en la tuya... De tu esencia en mi vivir. Cerré el libro con una lágrima atrapada entre las páginas y otra más entre las pestañas a las que comenzaba a corrérseles el rimel.

Me levanté de la banca, caminé con paso pausado hacia el café de la esquina de tu calle, pedí un capuccino deslactosado jumbo. Me sentí como un alcohólico que pide un doble al cantinero. Me sentí tan extraña al pagar y recibir sólo una cuchara para la espuma... Sólo pedía ese café cuando estabas conmigo...

Bebí a sorbos pequeños de esa humeante maceta, así le llamabas tú por ser tan grande la taza, la mirada de la gente me hizo sentir tan pequeña y más tras de ese tazón de café. Decidí hacerme la occisa y seguir tomando café, a pesar de que cada vez me era más difícil hacerlo pasar, pues un nudo en la garganta hacía más tortuosa la tarea.

Salí del café. En el marcador, yo salí perdedora: la taza de café y la gente pudieron más que yo, por lo que apenas si tomé un tercio de la capacidad del recipiente, me levanté de la mesa, pagué mi cuenta y salí del local.

Caminé, abrazando mi abrigo, había olvidado con cuanta fuerza golpeaba el viento. Tú y sólo tú en mi mente una vez más; soportar el frío era tarea fácil contigo a mi lado, tu calor aunado al mío, conjugado en un nosotros, era lo que me mantenía lejos de la hipotermia.

Sé que tengo que salir de ese encierro llamado recuerdo, de esa celda que llaman amor, pero me es difícil si aún me tienes encadenada con el susurro del viento, con cada experiencia, con cada gota de tu esencia en cada cosa que toco, en cada cosa que veo... Tú y sólo tú, una vez y otra más para no cambiar mi rutina, para no sacarte de mi vida...

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