L' anima sparita

L' anima sparita

domingo, 12 de febrero de 2012

El árbol

En un rincón, a media luz, me encontraba intentando escribir una rima, una novela, una canción. Lo más hermoso jamás encontrado, jamás leído o interpretado, pero nada se me ocurría. El cesto de basura ya no podía tragar más papeles arrugados, mi bolígrafo estaba en sus reservas de tinta y mi cerebro estaba seco como jardín de casa porfiriana abandonada a media primavera.
Mis flores en un jarrón al borde del desahucio, mi mano cansada de escribir palabras sin sentido, sin rima, sin métrica, sin intenciones, sin ideas nuevas. Nada realmente estaba resultando y la vela estaba a punto de apagarse, pues ya sólo era una plasta de cera sobre la mesita de madera.

Recuerdo que esa noche no pude dormir. Debía encontrar una fuente de inspiración y terminar de escribir algo, lo que fuera. No por trabajo, no por pedido externo, sino porque mi alma me suplicaba, me obligaba a escribir algo que expresara lo que sentía... Tal vez ese era el problema. Ya no sentía nada...

A media luz y con la última bocanada del penúltimo cigarrillo de la segunda cajetilla, me puse a llorar. La frustación me ahogaba como alguna vez me ahogué en un mar tribulado de tristezas y recuerdos que me sumergían en un torbellino que parecía querer tragarme. Estas manos no sirven para escribir, me dije.

Con la escasa luz, tomé la taza de café que parecía haber estado en el refrigerador, cuando en realidad, tenía tres horas sobre la mesa, esperando a ser sorbido aún tibio, pero que no fue tomado en cuenta porque la mente de una escritora frustrada se encontraba en otro sitio, lejos de la alcoba, de la cajetilla de cigarros y de la taza de café. ¿En dónde? Sólo Dios y ella saben y aunque ambos lo supieran, ninguno lo recordaría, puesto que fueron tantos sitios los visitados que, intentar hacer una lista, habría sido cosa difícil, por no decir imposible.

Después de la tercera crisis y muchas hojas en el piso, decidí inventarme un mundo, un par de personajes. Todo era perfecto, todo era tan colorido, tan bello, tan nítido que parecía estar viviendo en ese instante, la historia que comenzaba a escribir.

Después de tres horas de incesante escritura, con la mano acalambrada, me levanté de su silla. Me acomodó los cabellos en una especie de chongo y me acerqué a la ventana donde se asomaban los primeros rayos de sol. No sé si era el relato que escribía o la luz del sol la que me daba ánimos para seguir escribiendo, a pesar de que mi mano se negaba rotundamente a seguir con tan demandante labor.

Salí de casa, el frío curtía mi cara, me abracé envolviéndome con el cardigan gris con el que se me ocurrió alejarme de casa. Caminé por el único sendero que llevaba a la pequeña reserva de pinos que colindaba con mi casa. Tan absorta en mis pensamientos, comencé a caminar hacia la nada, o hacia el todo, tan lejos de mi propia existencia, tan lejos de mi propio pensamiento.

Me senté en la raíz de un viejo árbol, mi mente no estaba en blanco pero eran tan rápidas las escenas de la película en mi mente que pensaba todo y pensaba en nada al mismo tiempo. Ya no sentí frío a pesar de estar rodeada de una neblina helada entre los pinos. No sentía nada... Y así, con ese mismo sentimiento de nada, regresé a casa y así viví por años.

viernes, 27 de enero de 2012

Carta para mi amada

No hay día que no piense en ti. No hay momento que no desee abrazarte y decirte al oído "te quiero mucho, hermosa" sin que sea gracias a un aparato tecnológico. Tengo tantas ganas de que, los besos que te doy en sueños, se conviertan en realidades. Tengo tantas ganas de no atosigarte, de hacerte feliz y darte lo mejor de mí y que te enamores cada día un poco más como yo me he enamorado de ti.

Sé que el tiempo que llevo de conocerte no es mucho, al menos, el tiempo en esta vida, pero algo me dice que quiero pasar mucho tiempo de mi vida contigo... tal vez para siempre; quiero encontrar la forma de ser feliz haciéndote feliz cada día que estés a mi lado, intentar mejorar para que las cosas funcionen, buscar la forma en que la comunicación fluya y tus sueños se entrelacen con los míos... Quiero construir no un mundo, sino un Universo contigo, quiero perderme en él contigo cuando este mundo parezca no girar más, cuando parezca todo acabar. Quiero entregarte mi corazón y mi vida enteramente, sin reparos, sin miedos, sin dudas... Quiero cumplir todas esas promesas que hago y haga en un futuro, en un futuro contigo...

Deni, ¿quieres formar conmigo un NOSOTRAS?

miércoles, 25 de enero de 2012

El universo en tus ojos

¿Será que mi vocación era ser astronauta ocular? No puedo dejar de mirar tus ojos y contemplar en ellos la infinita hermosura de su forma, la belleza de su color. No puedo dejar de viajar en las minúsculas fibritas que se dibujan en tus ojos alrededor de tu pupila. Simplemente, me puedo perder en tus ojos por horas y contemplarlos todos los días y alabarlos a cada instante y ensalzarlos con borbotones de halagos y seducirlos cada mañana.

En el manantial de tus ojos me pierdo y es en ese mismo cuerpo de agua que me vuelvo a encontrar. Tus ojos son el alimento de mi alma y la ventana hacia la tuya. Esos ojos que me invitan a pecar llevándome al paraíso. Esos ojos que me gritan un "te deseo" conjugados con tus labios que susurran un "te amo".

Tus ojos son un mar revuelto por las oleadas de dudas que tienes para preguntarle al mundo. Tus ojos son un lago en calma cuando las respuestas llegan a tus oídos. Ese par de ventanas son cálidas, amables, sencillas y agradables. Ese par de ojos tuyos es lo más hermoso que haya podido ver.

Si algún día dejo de mirar tus ojos, mi vida y mi mundo se acabarían, mi cielo y mi infierno se fundirían en uno y me dejarían a mí en un limbo del cual dudo poder salir, porque desde que vi tus ojos, no hago otra cosa que vivir, soñar y creer en ellos. Desde que vi tus ojos, no hay nada que me guste más...

Armadura

Creí que mi armadura me iba a acompañar toda la vida. En realidad, jamás distinguí entre mi piel y la misma y llegué a creer que ese gran peso que pendía sobre mí, era algo que merecía, que requería y que más valía la pena que cargara como pago por mis muchos errores en esta vida y quizás en las pasadas. Siempre pensé que no había opción hasta que tu tibia mano tocó mi hombro desnudo; fue justo ese instante en el que comprendí que cargar con una armadura tan pesada, no vale la pena, no si no estás en guerra, no si no hay de qué cubrirse.

Así que decidí quitarme la armadura ante ti y quedar desnuda de piel, de mente y de alma. Mi falsa seguridad se ha quebrado, mis miedos hoy me ven vulnerable, pero si estás a mi lado para luchar, mi niña, no necesito nada más, salvo saber que cuento conmigo y que sepas que estoy contigo, que soy por y para ti. Que ya viví el día cero y ese día fue el mismísimo en el que te conocí y dejé atrás una carga que no me servía de nada y decidí darle paso a una nueva era donde el amor sea mi mejor arma, un arma que requiere de dos personas para que su filo no se acabe, para que su fuerza no pierda y para que su explosividad no se apague.

Lucharé contigo, en ti y por ti para siempre y prometo que por siempre daré lo mejor en esta batalla y en las que sigan mientras estés a mi lado.

Te quiero y espero que, si cambia, sólo sea para subir de categoría y buscar siempre la forma que tus labios se curveen en una sonrisa y tus ojos brillen así como lo hacen los míos, así como mi sonrisa pareciera ya indeleble.

Y sé...

Sentada en el sillón individual de la sala, a obscuras y en silencio te pienso... Te pienso y de pronto, todo tiene vida, hay luz en mi existencia, vuelvo a creer, vuelvo a soñar, vuelvo a vivir. Quizás sea muy pronto para decir que eres el amor de mi vida, tal vez me tardé en aceptarlo, no lo sé; sólo sé que me atraparon tus ojos, tu sonrisa, tu voz... Esa hermosa voz que podría escuchar toda mi vida, esa voz que me invita a volar un poco más alto cada día, que me alegra y me despierta... ¿o será que sigo soñando? Espero que no. No quiero darle un crédito tan grande a mi imaginación por obra tan majestuosa y perfecta como lo eres tú.

"Hay ángeles entre nosotros" dice una canción de Presuntos Implicados y coincido con la frase; desde que estás en mi vida, porque lo estás desde antes de que lo supieras, nada ha sido igual; las risas, los colores, la vida misma es tan diferente y tan gratificante desde que apareciste frente a mis ojos con un saludo tan coloquial y relajado, con una sonrisa tan sincera, con un ser tan honesto...

¿Será que comienzo a enamorarme? No lo dudo y sinceramente, no me desagrada en absoluto, creo que no podría haber escogido persona más perfecta, princesa más hermosa que tú para comenzar a hacer castillos en el aire para vivir ahí felices para siempre. Sí, PARA SIEMPRE he dicho y con esa frase no quiero que temas a la eternidad ni quiero atarte a mí, porque esa promesa infinita durará lo que nuestras psiques consideren razonable... Aunque admito que me encantaría que ese para siempre durara justo lo que la eternidad dura, pero como todo es tan incierto y todo es tan raro, prefiero simplemente disfrutar mi aquí y mi ahora contigo. Nuestro aquí y ahora.

Te quiero y sí, te quiero más de lo que podría contarte ahora. Por el momento me lo quedo como un gran secreto que tal vez te revele pronto, muy pronto... Tal vez en unos meses, en unos días... En unas horas, porque pareciera que a este sentimiento le pusieron bicarbonato de sodio y que se les pasó la mano en azúcar, porque no sólo es muy dulce, sino que crece y crece a cada momento... y espero no deje de crecer jamás y que tanta azúcar cause un coma diabético en mis emociones, porque ya no me importa querer aparentar ser una persona dura. Hoy dejo la armadura... y comienzo a vivir... a vivir una vida de vulnerabilidad, pero sé que valdrá la pena.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Ya no te espero

Cuarenta y cinco minutos de retraso y ni siquiera tuvo la atención de mandarme un mensaje o llamarme para decirme si debía esperar más o no. Siempre tuvo ese tino para sacarme de quicio con su impuntualidad y su falta de compromiso. Justo era la razón por la que pretendía reunirme con él en un café en la calle más transitada de la Zona Rosa.

Me senté en una de las mesas que se encuentran afuera del local. Con la ley impuesta para los fumadores y por su pinche imputualidad era que tenía que dejar que las inclemencias del frente frío trece, me apagaran el cigarrillo y sintiera escalofríos más de una vez. Tenía frente a mí un café americano, el celular y mi Papillon. El café ya estaba frío, el teléfono estaba en silencio y yo de tan nerviosa y malhumorada, prefería no tocar el libro.

Una hora de espera y decidí que ya había sido suficiente. Le pedí al mesero si podía llevarme la cuenta pero inmediatamente después de que dio la media vuelta para cumplir con mi encargo, le pedí que lo olvidara y en cambio, le pedí un vienés.

Más tranquila y con cuatro piezas tubulares de nicotina consumidos, abrí mi Papillon y comencé a leer; las páginas pasaban entre mis dedos como agua, ya me sentía en la Guyana Francesa intentando escapar con Papi con un "yesquero" y un tubo de metal metido entre las nalgas. Estaba yo a punto de escaparme del sistema penitenciario francés cuando escuché una voz que se hacía cada vez más fuerte.

- Hola... ¿Hola?... ¡HEY!
- Perdona, me perdí un momento- contesté apenada.
- Sí me di cuenta... - soltó una risita- ¿Puedo sentarme aquí o esperas a alguien?
- Esperaba a alguien... Pero dudo que se presente- reí irónica- no sería la primera vez que lo hace. Siéntate, por favor.
- Gracias- sonrió mientras se quitaba el abrigo y lo ponía en el respaldo de la silla. -Perdona que interrumpiera tu lectura, es que el café está muy lleno y ya no hay mesas disponibles.
- No, no te preocupes, mi escape de la penitenciaría puede esperar...
- ¿Cómo?- preguntó extrañada.
Reí nerviosamente un momento y después dije:
- No, no me hagas caso, estoy loca. Es el libro que estoy leyendo.
- ¡Ah, ya veo!- Contestó aliviada. Supongo que escuchar esas palabras al comienzo de una conversación con un desconocido, deben causar extrañeza y hasta un poco de miedo. Después preguntó intrigada- pues ¿qué lees?
- Papillon. Un hombre condenado a trabajos forzados a perpetuidad por un delito que no cometió.
- ¡Cuántos casos de esos no tenemos aquí!- dijo ella con una amplia sonrisa.
- Tienes razón, pero este libro ni es mexicano ni es actual.
Sonrió y después de un momento, ella también sacó un libro de su bolsa. Pedro y el Capitán.
- Tu libro es excelente- le dije emocionada.
- ¡Ah, con que eres una devoradora de libros!- exclamó poco antes de que se le saliera una risita. Me reí con ella.
- No, para nada, pero sí me gusta leer- contesté apenada.

Lo que siguió de la conversación no lo recuerdo tan detalladamente, pero sé que hablamos de muchas cosas: más libros, por qué leíamos lo que llevábamos ese día, música, colores, café... Sólo recuerdo que después de un rato de platicar y después de que la tarde se volvió noche, se acercó un poco a mí y con la voz un poco más baja de lo que había estado hablando, me dijo:

- ¿Te puedo confesar algo?- dijo casi con voz inaudible.
- Sí, claro, pero ¿por qué tanto misterio?- sonreí nerviosa. Su mirada se fundía en mis pupilas y era tal su poder que parecía que me estaba leyendo las ideas.
- Pero no te espantes, ¿vale?- sonrió y se ruborizó.
- Pues con esas palabras como inicio de la confesión, es difícil no hacerlo- mi nerviosismo cada momento era más evidente.
- Bueno, pues... Ni tenía pensado tomar café. Ya me iba a mi casa porque mi día estuvo feo y pesado como Santa Claus de la Alameda- se rió nerviosa y continuó- pero al verte sentada ahí sola, tan entretenida con tu libro, me... me cautivaste y me dije que tenía que beber café así no fuera mi bebida favorita... y aquí me tienes... -Sus mejillas se sonrojaron aún más.
- ¿De verdad? No sé qué decir... Te lo agradezco y no sabes cuán agradable es escuchar eso y más si proviene de una mujer tan bella como tú, pero... Las mujeres no me gustan.
- Sí, supuse que a quien esperabas, era a tu novio, ¿o me equivoco?- su mirada perdió un poco del brillo que tenía cuando me vio asentir con la cabeza.
- Bueno, al menos lo intenté... -dijo puntualizando con un suspiro.

Sentí ganas de abrazarla, no sé. Fue como ver a una amiga de mucho tiempo atrás suspirar por una decepción amorosa. Jamás creí que yo fuera a causarle algo así a una chica.

Pedimos la cuenta. El silencio se apoderó de ese espacio, en ese preciso instante. Cada cual pagó su consumo, al final, sólo éramos un par de desconocidas que habíamos compartido una mesa. Guardó su libro y se puso el saco y yo recogí las cosas que tenía en la mesa y por mera morbosidad, miré la pantalla del celular esperando ver una llamada perdida o un mensaje. Nada, como siempre... Nos dirigimos hacia la puerta y se despidió de mí cordialmente y me besó la mejilla. No supe qué demonio se apoderó de mí en ese instante, pero al sentir que se alejaba, la besé en los labios. Al principio, no supo qué hacer, supongo que no esperaba que hiciera algo así, pero sus rojos labios estupefactos poco a poco se relajaron y se intercalaron con los míos. Me abrazó y acomodó su cara hacia mi oído y susurró:

- ¿No que no te gustaban las chicas?
- Es verdad. No me gustan las chicas, pero me gustaste tú.
Me abrazó con más fuerza, como si quisiera fundirse conmigo en ese abrazo. Besó mi mejilla y me tomó de la mano. Mi ruta original era caminar hacia Reforma, pero me encaminé con ella hacia el metro Insurgentes. Debajo de las escaleras del Metrobus, volvió a besarme y a la mitad del beso, sonó mi celular, pero no le di importancia y seguí besándola.

- Es tu novio, ¿verdad?- Me dijo con curiosidad y ternura de niña.
- No sé y tampoco me importa- sonreí en complicidad con su ternura.
- Vamos a mi casa, ¿sí? Te prepararé un café turco y tú me dirás si mi café no es mejor que el de la cafetería, ¿te parece?
Sonreí, la tomé del brazo y asentí... Como si esto último fuese necesario ya. Me había hipnotizado. Estaba hechizada por una total desconocida. Había besado a la desconocida. Me había encandilado una desconocida...

Llegamos a su casa y creí que sería como la primera vez que fui a casa del que me acababa de dejar plantada: En cuanto cerró la puerta, comenzó a besarme apasionadamente... Terminamos haciéndolo en el sillón de la sala y en la alfombra de la misma. Pero ella era diferente. Hizo el café que me había prometido y me extasió.

- Tenías razón... Tu café es mucho mejor que el de la cafetería.
- Te lo dije. Yo no miento, no me gusta mentir. Me da flojera mentir.

II
Platicamos un muy buen rato... A decir verdad, me dieron las dos de la mañana y no podía estar más interesada en lo que me estaba contando. Es abogada. Me contó lo difícil y estresante que puede ser el trabajo de un abogado y la poca fe que le tienen a los abogados... Las horas se fueron tan rápido y para poder seguir platicando, me quedé en su casa... Pero no como el mundo pensaría. No, no tuvimos sexo. En realidad, me dejó elegir si quería quedarme en la recámara de huéspedes o si prefería quedarme con ella y Cinnamon, su yorkie de 3 años. Mi veredicto: quedarme a dormir con ellas. Debo admitir que por un momento sí deseé que su cama fuera testigo de nuestros pecados esa noche, pero lo más excitante que pasó fueron los besos que nos dimos antes de dormir. Acarició mi cara antes de dormir y lo último que vi antes de perderme en un sueño muy pesado, fueron sus ojos hipnotizantes.

Desperté y para mi sorpresa, ella aún dormía. Cinnamon se acercó a mis manos y la acaricié por largo rato hasta que ella despertó. Me dio un beso de buenos días y se levantó. Escuché que hacía ruido en la cocina así que caminé a su encuentro y mi sorpresa fue que estaba preparando el desayuno para dos.

- ¿Por qué no me dijiste que venías a hacer esto?
- Porque estabas muy cómoda.
- Pero eso no importa, ¡me gusta cocinar!

La ayudé a terminar lo que estaba haciendo y desayunamos en la cocina, de pie junto a la tarja. El juego de miradas fue parte esencial de ese primer desayuno en su compañía. Mi postre de la mañana, fue un beso suyo. El más dulce de los besos. De haber sido diabética, seguro habría muerto de un coma. Admito que me sentí muy a gusto en su casa. Sentí lo que debe sentirse cuando te dicen "estás en tu casa". Era increíble la compenetración que podía tener con esa extraña. Mi extraña. Mi extraña Fernanda.

III
Recostada sobre mi regazo mientras yo acariciaba sus cabellos veíamos una película de esas que nunca me han encantado en realidad, de esas que son rosas y melosas hasta decir basta. Era curioso que pasaran más de diez minutos y yo no deseara cambiar el canal o apagar la televisión. Todo iba excelentemente bien hasta que sonó mi celular.

Ella se levantó de mi abdomen, con mirada triste y me dijo:
- Ya contéstale. Perdónalo. No sé ni por qué hice que vinieras... Lo lamento.
- ¿De qué hablas?- Le dije contrariada.
- Pues sí, creo que aún lo quieres y yo... Yo no soy lo que tú deseabas...- dijo solemne.
- No digas eso, Fer. Para empezar, ya no lo quiero más, ¿olvidaste que por eso me conociste? Y...- hice una pausa y continué- es verdad, no esperaba ni deseaba a alguien como tú... hasta que te conocí.

Sonrió y justo en el momento que iba a contestar, dejó de sonar el aparato. Ya lo iba a poner de nueva cuenta en la mesita de noche cuando comenzó a sonar de nuevo. Esta vez, decidí contestar y aceptar las consecuencias.

- ¿Bueno?
- ¿Se puede saber en dónde chingados andas, Elena? Van 7 veces que te marco, creí que algo te había pasado- dijo la voz, muy molesta.
- Pues... te sigo esperando en el café- dije irónica y solté una carcajada.
- No me parece gracioso, enserio creí que algo te había sucedido- dijo la voz exasperada.
- Bueno, ¿a tí qué más te da si de todas formas quedas en algo y nunca lo cumples? Estuve esperándote más de dos horas...
- ¿Y luego qué? Llamé a tu casa y no contesta nadie. ¡Dónde mierdas estás, maldita zorra!- gritó la voz.
- Te vas calmando, porque a mí nadie me habla así, ¿entiendes?- le dije seria y serena, aunque ganas no me faltaron de gritarle- si me quise ir con quien me diera la gana fue porque justo eso quería decirte: que me tienes harta, que ya no te amo, que ya no quiero nada contigo y que he encontrado quién me hiciera sentir más amor en una noche de lo que he sentido en los últimos meses contigo.

Suspiró exasperado o frustrado. No sé, pero escuché un suspiro y después un par de exhalaciones lentas y pesadas.

- En este instante quiero que te regreses a tu casa y me llames desde allí, ¿ok?- me dijo con voz modulada, pero igualmente enojado.
- Deja las cosas como están, Esteban. Ya no quiero estar contigo, ¿no lo entiendes?
- Al menos dime el nombre del cabrón al que le calentaste la cama, ¿no?
- Eso a tí no te importa...
- Amor, ya no te estreses y cuelga- dijo ella, condescendiente. Esteban alcanzó a escucharla hablar.
- ¿Te cogiste a una vieja? No mames, no creí que estuvieras tan urgida, Elenita- dijo irónico.
- Ni urgida ni coger ni nada. Pero no tengo por qué darte explicaciones de nada. Sólo te diré que me respetó más de lo que pudiste respetarme tú el primer día que salimos- le dije cortante.
- Ahora entiendo por qué ya no te gustaba hacerlo conmigo... - dijo con un dejo de alivio.
- No te engañes. Si ya no quería hacerlo contigo era simplemente porque ya no te amo. Pero bueno, dejemos la telenovela por la paz, Fer tiene razón, no tengo por qué estresarme.
- ¿Se llama Fernanda? Pues salúdamela y felicítamela. Al menos ella sí te va a coger virgen... digo, en cuestiones lésbicas... creo...- se rió.
- Deja de decir imbecilidades que ya estoy cansada y como esto está siendo muy estúpido y por tu falta de interés y compromiso con la cita de ayer, terminamos de una buena vez. Te deseo mucha suerte. Adiós.

Colgué y apagué el teléfono. Si llamaba de nuevo o no, era cosa que no me importaba. Por fin estaba libre de una persona con la que tenía una relación basada en la costumbre, más que en el amor. Sin pedirlo, Fer me abrazó y me besó la mejilla izquierda y besó también mi frente. Tomó mi mano y apoyó su cabeza en mi hombro. Apagó la televisión y llamó a Cinnamon, quien se acomodó sobre mi abdomen, para que fuera parte de la pequeña reunión.

Fue la primera tarde, la primera noche y la primera mañana en la que me sentía no feliz, sino plena. Era la primera vez que sentí que todo tenía una razón de ser y que ella era mi razón de estar en esa cafetería en ese momento y que Esteban no se apareciera. Hoy entiendo muchas cosas y estoy muy agradecida por lo que sucedió esa tarde.

Hoy ya no te espero, Esteban, ya no necesito de tu presencia en mi vida. Hoy ya no te espero, Fernanda... Porque ya te encontré.

martes, 25 de octubre de 2011

Desastre

Quizás sea un malentendido, una convención social eso de creer que soy una buena persona. No lo soy, mi naturaleza me lo prohibe. Todo lo que toco, todo lo que hago suele afectar negativamente a las personas que más quiero en mi vida y es así, con mi repelencia a la buena suerte, al cariño de lo más sagrado, es que termino tan alejada de aquellos que han sido parte esencial de mi vida, porque no soportan más mi presencia en sus vidas... Seguramente, a tí te sucederá también. Que te des cuenta de quien soy, que sepas que no nací con los favores que Dios da a todos sus hijos, es una situación inminente que, si bien lo niegas los primeros días, después te arrepentirás por no haber hecho caso a tu primer instinto: alejarte cuanto antes.

No sé, realmente no sé por qué soy tan mala compañía, tal vez nací en un mal día o de mala gana. Puede ser ésta segunda, pues me han contado que tardé un par de días más de la fecha programada para que yo viera el mundo... y el mundo me viera a mí. Reticente a nacer, a dañar vidas ajenas, pero nadie hizo caso a mis deseos; supongo que cuando se es una unión de gametos de más o menos nueve meses, no tienes derecho a opinar... Bueno, que aunque uno deseara opinar a esa edad, simplemente no puede comunicarse... Maldito aparato fonador incompetente, no es suficientemente maduro para cuando nacemos... Supongo que estoy en la misma situación que él después de casi veinticuatro años.

Inmadurez, inseguridad, incompetencia, insuficiencia, imperfección... imbecilidad. Imbécil: Eso soy, pero navego con bandera de saber, con bandera de persona normal. Creo que nunca debí robarle la bandera a ese soñador al que ahora creen un loco. Cambié su lugar en la sociedad por el mío y ahora, por mucho que lo deseara, jamás podré sentirme bien con esta bandera, con esta piel... A veces dudo si justo el no encajar en esta sociedad, en esta ideología compartida sea una bendición. Por lo general, termino creyendo que es una maldición, más que por no ser normal, por no estar cómoda conmigo.

Soy un desastre natural, un mal por naturaleza y es curioso y desmoralizador darse cuenta que dentro de los damnificados, te encuentras tú. Juro que no pretendía ni pretendo en ningún momento dañarte y sin embargo, te he dañado, destruí tus sueños, tu vida, tu paz. Arracé con la persona que eras antes de conocerme, arrastré con mis dramas, todo el amor que florecía en tí por mí... Hoy somos un manojo de objetos, de escombros que parecieran no poder unirse, que parecieran no poder reestructurarse más... Y me duele ser este desastre andante, porque lo que menos quería, era hacerte sufrir.

Te ofrezco mil disculpas que, seguramente, no serán suficientes ni hoy ni nunca. Te ofrezco mi vida de infortunios y tristezas que, de no quererla, te ruego la tires en un cesto de basura orgánica, pues es perecedera, aún teniendo una duración más larga de la que se (re)quiere, aún sin refrigerarse, una vida (in)útil que nadie realmente desea que se aproveche... ¿Quién quiere cargar con un desastre en su vida? Supongo que mejor sólo te ofreceré las disculpas e intentaré alejarme de tí... Como ola que se retrae de vuelta al mar para dejar a su paso, una ola de desolación y destrucción... Aunque me es una cuestión sumamente difícil, pues sigo totalmente enamorada de tí...

De verdad, lo lamento.