Es tan bonito ver todo con una percepción diferente, como si todo tuviera razón de estar, de ser, de existir. Es como si todo tuviera sentido de pronto, como si la escala de grises en la que vivías, se coloreara de pronto, todo parece tan vivo, tan lindo, tan nuevo a pesar de ser lo mismo que acostumbrabas ver en tu camino diario.
Tal vez el mundo crea que es demasiado pronto para sentir lo que por ella siento, pero si en el amor no hay edades y la edad es una forma de medir el tiempo, me hace suponer que el tiempo en el amor o para el amor es tan exacto que sólo él se entiende y sólo él sabe en qué momento llegar y en qué momento escapársele a uno de la boca atemorizando o enamorando más a la persona en cuestión.
Es hermoso saberse capaz de sentir y, más aún, capaz de elegir de entre lo bueno, lo mejor y con esto quiero decir, elegir a la persona que realmente complementa tu vida; que acepta tu locura, que te abraza en la madrugada para dormir, que te besa al despertar, que puede reír contigo o sentir tristeza y ser tu apoyo cuando no ha sido el mejor día de tu vida. Es hermoso saber que está contigo, que estás con ella, que están... Que están.
Es probable que el mundo no entienda cómo me siento después de tres meses de conocerla y dos de que sea mi luz, mi cómplice, mi alegría, mi fuerza, mi paz. Es probable que nadie sepa a lo que me refiero y sinceramente, la única persona que me importa que sepa cómo me siento, lo sabe ya o al menos, tiene una idea. Si el mundo entero pretende juzgar mi amor, mi sentir y mi posible actitud precoz, por mí que lo hagan, porque si de algo estoy segura es de lo que siento por ella, de las ganas que tengo de tenerla en mi existencia hasta que no quede ninguna margarita en el mundo, hasta que no haya más luz de Sol, hasta que nuestra galaxia sea tragada por un hoyo negro o hasta que el tiempo deje de ser tiempo.
Y sin otra cosa por el momento, sólo diré que te amo con todo mi ser.

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