El tiempo se ha puesto pausa y mientras tanto, imagino mis manos recorriendo tu espalda y mis labios reconociendo tu cara, mis ojos dibujando tu mirada, mi cuerpo aprendiéndose de memoria el tuyo, cual niño ferviente aprende el Padre Nuestro arrodillado junto a su cama. Así de ferviente soy cuando pienso en ti, cuando estoy contigo.
Mis horas ya no corren, mis minutos se han vuelto eternos, tan eternos como ese para siempre que deseo vivir contigo, tan eterno como el brillo de tus ojos o tan constante como mis deseos de estar contigo a cada instante. Tan eterno como el ensueño que me abraza prometiéndome el hechizo que hará que desees quedarte a mi lado lo que nos reste de vida.
El tic tac dejó de sonar, aunque tal vez sea yo quien ya no lo percibe por perderme en tus ojos, en tu voz. Tu voz me ha hechizado y tu mirada me tiene encandilada, embelesada. Estoy tan perdidamente enamorada del color de tu alegría de vivir, de tu forma de reír, de tu silueta, de tu voz que es poesía. Me has atrapado con esa forma tan particular que tienes de ser tú misma; sin duda ser única y perfecta es lo que te sale mejor.
Mi reloj sigue contando el tiempo, pero yo quisiera hacerlo eterno para vivirlo contigo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario