L' anima sparita

L' anima sparita

jueves, 1 de marzo de 2012

Caducidad

A ti, que aún dices leerme:
Las hojas de los árboles caen medio marchitas al pavimento que el viento se lleva. Nadie las extrañará porque llegarán otras a cubrir las ramas del viejo árbol en la esquina de la calle de tu casa. Si acaso un niño, tal vez tu hermana, se regocije con el hermoso tesoro crocante de las hojas secas sobre las cuales pudiera pararse y aplastarlas con sus pequeños pies y disfrutar su crujir, dejando paso a las moronitas de hoja sobre el asfalto.

Debo tirar las latas de verduras en conserva de la casa, están infladas, como si cualquier día fueran a reventar ensuciándolo todo. No, no quiero tener que escombrarlo todo para limpiar la alacena, mejor las tiro de una vez antes de que otra cosa suceda; antes de que mi madre las abra y las comparta por error, antes de que un día, en un ataque de depresión, las utilice como veneno y atente contra mi propia vida.

El otoño da la bienvenida al invierno y éste, al terminarse, abre paso a la primavera que todo lo que toca, lo llena de vida. Se abren los pétalos de los pequeños botones, los pastos crecen cada vez más verdes, la luz, el rocío matinal, los lirios, las rosas, las hojas, la brisa, las risas, el color y calor del sol. Todo comienza a despertar del letargo invernal al que había sido sometido, todo recobra movimiento, aroma, vida... Esa vida que creíamos perdida cuando comenzaron las heladas.

A veces me pregunto si la decisión de dejarte ir fue la correcta y mi mente siempre me dice "fue lo mejor que pudiste hacer por ambas". Te regalé mi cariño sin límites, te regalé mi amor, mi corazón entero, mi vida, mis sueños, mi alma. Te envolví en celofán de colores mi risa y mis palabras, le puse un enorme moño a mis pensamientos, a mis alegrías para vivirlas contigo y un millón de promesas para cumplirlas a tu lado... Te regalé mi amistad incondicional para siempre... Pero ese para siempre llegó a su fecha de caducidad cuando decidiste que lo mejor era alejarte.

Guardé todos los regalos en la alacena, junto a las latas de conserva y tanto las latas como las promesas y demás regalos, llegaron a la fecha en la que no pueden reutilizarse más. Prometí que estaría contigo siempre y así será, sólo que me quedaré contigo sólo como recuerdo, como experiencia, como lo que pudo ser y nunca fue. Como esa promesa sin cumplir, ese regalo sin abrir, esa eterna espera.

Te deseé lo mejor siempre y sigo deseando que toda tu vida esté llena de bendiciones. Hoy te cuento que mi vida va de maravilla, mejor que nunca. He encontrado en mí lo que jamás creí que encontraría: a mí misma; por si fuera poco, encontré a la mujer más maravillosa del mundo, me hace muy feliz haberla encontrado y debo agradecértelo totalmente, pues de no haberte alejado de mi vida, tal vez nunca hubiera encontrado la verdadera felicidad.

Como siempre, te agradezco que hayas estado el tiempo que te fue posible. Siempre te agradeceré que me hayas enseñado tantas cosas... Y me hayas ayudado a encontrar la verdadera felicidad al irte tú.

No hay comentarios:

Publicar un comentario