L' anima sparita

L' anima sparita

lunes, 13 de diciembre de 2010

Dos palabras

¿Cuánto te conozco? no sé si pueda contestar esta pregunta con algo lo suficientemente sustancioso como para justificar las dos palabras que últimamente repito tanto. Tu color favorito no lo sé, no tengo idea de cómo se llama tu perro, no sé si prefieres el chocolate o la vainilla, no sé si prefieres andar en bicicleta, en patineta o caminar... o correr. No estoy segura si vives al norte o al sur, si realmente querer a alguien te es tan difícil o si prefieres huir del desbordamiento de los sentimientos más extraños existentes en el mundo.

¿Cuánto me conoces? Creo que nunca te conté que las flores no me gustan si no están en una maceta, no sabes que soy leo, que mi temperamento es terriblemente cambiante, que sólo digo tonterías para hacerte reír... Seguramente, nunca imaginaste que pudiera gustarme alguna canción de esas que odias tanto. Tal vez no esperabas esas dos palabras que he mencionado con regularidad en nuestras conversaciones, tal vez pensaste que jamás podría sentirlo, tal vez imaginaste que me es tan fácil soltar la bomba y esconder las manos... te equivocas: si lo he dicho, es verdad, si lo he dicho, es porque lo siento... si lo he dicho, no ha sido en balde y lo diría una y mil veces a ver si en una de esas, me crees... aunque no contestes de la misma manera...

¿Cuánto me conozco yo misma? Sé todo y nada de mí. Sé el postre que me gusta más, si prefiero el frío o el calor, si me dan miedo las alturas, la obscuridad, las arañas, las tres o ninguna. Sé que las nubes y los ojos son mi perdición; estoy segura de que prefiero un perro a un pez, que sólo he amado una vez y que muero de miedo de hacerlo de nuevo. Que prefiero la luna a las estrellas, y que dentro de mis canciones favoritas está "mentiras piadosas" porque incluso a mí me gusta mentirme pensando que pronuncias esas dos palabras con el sentimiento que lo hago yo al decírtelas... al escribírtelas...

¿Cuánto te conoces tú? No sé si te conozcas lo suficiente para que puedas referirte a tu ser como lo que dices ser; tal vez no te conoces lo suficiente para saber que eres mejor de lo que crees ser, aunque me pretendas demostrar lo contrario con palabras, con palabras que proceden del mismo lugar de donde proceden otras tantas con las que me haces pensar que tu coartada no es viable y que realmente eres alguien que vale tanto la pena como pocas personas... Puede que me equivoque, puede que quiera hacerme a la idea de que eres bondadoso para no arrepentirme después de esas palabras que, al pensar en tí, danzan en el aire y me hacen inhalarlas, causando el efecto de una droga tan fuerte, que me relaja y me hace sonreír. Tal vez te conoces demasiado bien como para dejarme entrar en tu vida, porque sabes bien los estragos que puedes causar en mi existencia... y los daños que yo podría causar en la tuya...

Puede ser que nos conozcamos todo, podría ser que no nos conozcamos nada... sólo quiero que esas dos palabras en mi mente no paren de danzar, al menos no hoy, al menos no ahora... Me envenenan, me seducen, juegan conmigo y con mi imaginación... me vuelven adicta a su olor, a su sabor, a su existencia... a tu presencia en mi vida... Y te quiero.

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