Desperté a la mitad de la noche. De nuevo me sentí tan sola en una cama tan grande, en una cama tan vacía. Cerré los ojos por un momento para recordar que la almohada contigua alguna vez estrechó tus cabellos, que mis sábanas cubrían tu cuerpo desnudo, que mis manos acariciaban tu espalda y que mis labios besaban tus hombros... Abrir los ojos es volver a la soledad: soledad que me ha acompañado siempre.
Recorre mi cuerpo tu aliento con esencia a deseo, con aroma a añoranza; a nostalgia recién cosechada. El espíritu del olvido ronda tu recuerdo, pero las memorias se resguardan en cada tejido que compone mi cuerpo. No hay manera de que ese espíritu se lleve los pocos momentos de felicidad que tengo en mi vida.
Quisiera dormir, quisiera no sentir, quisiera no extrañar... quisiera no quererte de la forma que te quiero, quisiera no llorarte las lágrimas que por el momento, son lo único que estrecha mis sábanas y la almohada; las únicas que tocan mi piel como si fueran corrosivas... Quisiera no haber dormido en tu pecho, desearía no haber escuchado tu voz diciendo "te quiero", amaría no haber sentido las yemas de tus dedos sublimando sensaciones sobre mi piel vestida de deseo... quisiera no tener más cosas que extrañar de ti, pero me sería imposible concebir la vida sin esos recuerdos... Me sería imposible entender mi existencia sin la tuya.
Extraño que un corazón arrulle mis noches, que un beso me abra un día nuevo, que una caricia me hable de lo buena que puede ser la vida... Me hace falta volver a esa rutina que, hasta ahora, ha sido la única que me ha parecido no sólo soportable, sino adorable, deseable... extrañable, entrañable... Memorable.
Las dos vocales y las dos consonantes tienen un nuevo significado desde que hiciste tu entrada triunfal en mi existencia; existencia que vivía al puro estilo de película de Chaplin, tan muda y gris, hoy empiezan a perder color; letras de esa palabra que dejó de ser anagrama de Omar, Roma, Ramo, Armo, Mora, Orma... ¿Cómo lograste cambiar un significante dándole un significado tan diferente, tan puro, tan pleno? ¿Cómo lograste, incluso, esa plenitud en mí?
Me duele recordarte, me hiere recordarte, me gusta recordarte... Mi masoquismo se hace presente una vez más ante los ojos de mi mundo y frente a mis recuerdos de cara al espejo; aún no cierran las heridas que esta batalla contra esa palabra surcaron en mi piel, mi psique y mi alma; no cierran contra ti. Y cuando por fin una parte de mí se decide a cerrar ciclos, la otra corta con escalpelo, con un cuchillo, un machete o una hoja de papel para que vuelva a sangrar la herida... Para que no te vayas de mi vida... No quiero que te vayas de mi vida, aunque seas un recuerdo, aunque seas incierto, aunque seas lejano... aunque seas un niño jugando a querer, aunque seamos un par de chiquillos jugando con algo tan peligroso como ingerir mercurio o arsénico.
¡Eso quiero! Envenéname con un beso tuyo, haz que cada partícula de tu saliva me mate un poco más con cada segundo que tus labios y los míos se tocan, así tendré que recordarte menos, aunque viva menos... Mátame y lléname de vida al mismo tiempo con esos besos que me transportan a un universo que no conocía, a un universo del que no me gustaría jamás irme... Que tus labios impregnen los míos con sueños y alegrías y fantasías. Que tu boca sea la música que mis labios canten; que sean las notas que hacen falta a la melodía de mi vida...
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