- Prende la luz- dijiste en un susurro entrecortado.
- No, no puedo- dije con voz temblorosa. Bajé la mirada, no podía sostener la tuya, siempre tan penetrante y tan serena.
- ¿Por qué no? ¡Está tan cerca el apagador que hasta yo lo alcanzo!- dijiste al tiempo que rozabas mis hombros con tus manos. Te sonreí, avergonzada e incómoda. No me moví, preferí pensar que ibas a hacer lo peor, a prender la luz a pesar de saber que no me gustaban las luces encendidas al momento de amarte.
La melodía de la noche se componía de dos grillos, tu respiración y la mía. Sonreíste sincero, te sonreí de la misma forma, un poco más tranquila. Tomaste mi mano y entrelazaste tus dedos con los míos. Tu alma y la mía se fundieron para volverse una, tu cuerpo y el mío se empalmaron como si fueran dos piezas del mismo rompecabezas que parecían haber sido hechas para estar juntas en ese momento, en ese preciso lugar.
Tu mano y mi mano aún entrelazadas, tocaron el apagador de la lámpara de noche y apreté el botón de encendido, iluminando con luz tenue la recámara. Me perdí en tu boca, en tu espalda, en tu respiración entrecortada, en mi deseo por sentirte tan cercano a mí... tan distantes ambos del mundo y de esa habitación... con una luz encendida.
La luz difuminada apenas si dejaba ver lo satinado de tu piel morena contrastando la mía, incolora... insípida piel que desearía no fuera tan blanca, no fuera tan desagradable, no fuera tan triste, no fuera tan mía... Desearía no ser quien soy... ser alguien mejor para tí en el momento de amarte entre sábanas, amándote entre pairos y derivas, amarte entre sándwiches de queso, en el momento de amarte en el parque con un beso o una mirada... Desearía no ser quien soy para gustarte más, para sentirme más cómoda con mi propia presencia.
-Amo la forma en cómo la luz ilumina tu rostro, tus hombros, tu mirada... Amo cómo tus senos se yerguen con el roce de mis manos; me encanta ver tu piel erizada con el contacto de mis dedos en ella...- Me besaste, aún más apasionado que antes, mucho más lascivo e impetuoso. Por un momento me sentí incómoda, como si esto no debiera ser así, como si estuviera escrito que no debiera ser así en un manual. Tus manos apagaron el fuego de la duda que comenzaba a dispersarse sobre mi alma y mi mente... De nuevo olvidé la luz y comencé de nuevo a disfrutar de tu compañía, a disfrutar de ese momento tan tuyo y tan mío que sabía no se repetiría...
-Me gustas más con luz... al menos puedo verte a los ojos y saber que me miras... y ver que tus pupilas se dilatan porque te gusto y no por la obscuridad en el cuarto... Me encanta saberte más cómoda con esta manera de amarte... pero me gusta más que por fin, empieces a amarte tú...
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