L' anima sparita

L' anima sparita

domingo, 27 de diciembre de 2009

Una noche...

Llegué puntual a la cita, 6:10pm, en el mismo café de siempre, en la misma mesa, la misma naranjada con agua mineral y esperé... Esperé paciente su llegada. Los minutos parecían una eternidad, el nerviosismo y las ancias no me permitían tranquilizarme, y por ende, no dejaba de mirar el reloj. Mi mirada pronto se entretuvo en una pintura de Van Gogh frente a mí, sus tonalidades cálidas hicieron que me perdiera en algún trazo donde se mezclaban el amarillo y el rojo creando espigas de trigo. Regresé a la realidad con un suave toque sobre mi hombro que causó que brincara del booth donde estaba sentada. Sus labios tocaron mi mejilla, y me sonrojé, tanto por el beso como mi tonto brinco en el asiento. Sentóse frente a mí y esbozó la sonrisa que me había cautivado desde un principio y le devolví la sonrisa.

Llamé al mesero y pedí la cuenta, platicábamos de cosas tan triviales: el tráfico, el estado del tiempo, el color de las espigas de Van Gogh... Regresó el mesero y dejó la nota, la cual fue levantada con ágil movimiento, obvio no de parte mía, y pagó mi cuenta, pues él no había consumido nada. Nos levantamos de la mesa, me abrazó y apretó sus labios contra los míos con fugaz arrebato antes de salir del restaurante. De nuevo, me ruboricé, sonreí halagada y caminamos hacia la salida.

Su mano rozó mi mano al salir del restaurante y sus dedos se entrelazaron con los míos; la plática fue cada vez más amena, más profunda con cada paso que dábamos, y doblamos la esquina: a unos pasos, la entrada al hotel de siempre, poco faltaba para que el encargado nos saludara con familiaridad, se veía en su cara, pero por fortuna leyó en mis ojos la vergüenza, y continuó tan cortés y frío como era habitualmente. Subimos los escalones tomados de la mano aún, y antes de introducir la llave en la cerradura, me miró fijamente a los ojos, sonrió y me besó con una pasión que parecía arder. Abrió la puerta, me invitó a pasar y la cerró tras de sí. Sentóse sobre la cómoda, dando la espalda al espejo y nos besamos una y otra vez, mientras las manos traviesas buscaban un rincón aún no explorado, miradas furtivas, besos incandescentes... Sus manos fueron desabotonando mi blusa y deslizándola sobre mis hombros, hasta caer en la alfombra; mis manos, con sutileza levantaron su playera al tiempo que él levantaba los brazos para dar paso a su torso desnudo, su cálida piel me invitaba a besar cada centímetro de ella y así lo hice.

La luz que entraba por la ventana del baño era suficiente, y poco a poco fuimos acercándonos al destino final de esa noche, con alma y cuerpo desnudos. Su mirada se fijó en la mía, acarició mi cabello y sonrió... No era la primera noche juntos, pero sus manos trémulas al contacto con mis senos, me hacen notar que no soy la única nerviosa en ese momento y con mis manos dibujo formas dignas de un cuadro de Braque sobre su abdomen, sus pupilas brillaban con la escasa luz.

Sobre mí, su cuerpo desnudo y el vaivén de sus caderas presionando las mías, su respirar inquieto y entrecortado me excitaban cada vez más y no pude evitar gemir de placer poco antes de que se recostara a mi lado. Mis pupilas aún dilatadas, percibían en su mirada un fulgor diferente y besó mis labios larga y tiernamente. Sonreímos y reímos satisfechos, mis manos tocaron su húmeda piel por última vez antes de que se levantara y girara la llave de la regadera. En mi mente se había metido la idea de unírmele en la ducha, pero preferí mirarlo recostada en la cama hasta que alargó su mano hacia mí, invitándome a bañarme con él. Me levanté con aire titubeante, parte de mí sabía que eso no estaba bien, pero no pude negarme, y terminé sintiendo el agua en la espalda tanto como él y nos besamos una y otra vez mientras caía el agua tibia y resbalaba por sendos cuerpos.

No pude contener mis ganas de perderme en él y sentirlo dentro de mí, por lo que volvimos a la cama con la piel mojada, riendo como dos niños traviesos y sin previo aviso, me tomó tan impetuoso como jamás lo había hecho y llegamos al éxtasis en un suspiro al unísono. Me abrazó un largo rato pareciendo no querer dejarme ir, pero no pude evitar la necesidad de correr a la ducha, me sentí tan repugnante y llena de vergüenza que creí que el agua podría ayudar a quitarme esa sensación. Pronto sentí su mano acariciando mi espalda, y sus labios besando mis hombros perlados por el agua, sonreí y agaché la mirada al tiempo que me volvía hacia él. Enjabonó mi cuerpo con delicadeza y yo hice lo mismo con el suyo; sus ojos se perdieron una vez más en los míos y parecían mirar más allá de mis pupilas, más allá del iris, más allá de mí.

Besó mi frente y acto seguido, tomó una toalla y salió del baño; mientras yo seguía enjuagando mi piel del jabón y la vergüenza, escuché la puerta cerrarse. Tomé la toalla restante y miré hacia la puerta: Se había marchado, pero sobre la cama había dejado mi paga, dos cigarrillos y un encendedor.

1 comentario:

  1. Mi paga, dos cigarrillos y un encendedor...a mi me dejó un par de hojas de colores con memorias,una botella vacía, un cuadro de miró y un sonido parecido al de un jarrón que se rompe, creo...y ahora recuerdo que era mi corazón.

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