L' anima sparita

L' anima sparita

miércoles, 16 de mayo de 2012

Quién fuera...

No, no me refiero a la canción de Silvio Rodríguez, aunque admito que él tiene mucho crédito de esta nota, aunque seguramente, terminará no teniendo la calidad que se merece un trovador de tan buena inventiva o de la hermosa mujer que se lleva lo que resta del crédito de este escrito que comienzo y termino hoy mismo...

Alguna vez esa mujer me dijo, indirectamente, que no debía hacerla mi mundo, que no debía tenerla como el centro de mi Universo ni la razón principal por la cual vivo mi vida. Pero es difícil hacerle caso a esa sentencia cuando la persona que me da fuerzas, me anima, me alegra, me regaña y me aconseja es ella. Difícil es no darle el crédito que se merece tan hermosa mujer. Y digo hermosa porque decir que es perfecta me hará ganarme un par de golpes de parte de algunos incrédulos o de algunos fanáticos que argumentan que lo único perfecto en este mundo y en los venideros, es Dios. Pa' pronto, si quiero decir que ella, la mujer de quien les hablo es perfecta y aún así me he de ganar los golpes que pretendan propinarme los fascistas, que lo hagan, que podría cansarme de autocensurarme, pero jamás me cansaré de decir o pensar que esa mujer, a la que debo mis sonrisas y mis sueños, es PERFECTA.

Sí, aunque el mundo me lo niegue y aunque el mismo mundo reniegue, es perfecta. Sus ojos son tan perfectos, sus manos son perfectas, su cabello, su sonrisa, sus brazos, sus pies, su abdomen, sus piernas, su risa, su voz, su aura, su esencia... Es perfecta.

Al menos, es perfecta para mí...

Y admito que muchas veces maldigo mi calidad de ser humano y mi incapacidad para desprender mi alma del cuerpo y viajar hasta ella y ser como el aire que roza su piel en las noches y besa sus labios a media tarde. Quién fuera viento que acaricia su cara y despeina sus cabellos.

A veces quisiera tener la capacidad de separar mi 55 a 78% de agua del resto de mi cuerpo y así, como lluvia, como parte de su baño o como rocío matinal, tocar su piel, sentir sus manos, que me beba entera en una taza de té o en un café de Uruapan. Quién fuera el agua que alimenta tu cuerpo, la gota tibia de la regadera que resbala por tu espalda o el vaho que empaña tu ventana.

Comúnmente recuerdo que polvo soy y en polvo me convertiré según las creencias religiosas que se profesan en mi casa, pero ¿por qué no puedo ser polvo en este instante? Sería el polvo que se deposite en sus manos y que desee quitar lo antes posible, sería a quien barra del suelo de su recámara o el que la haga estornudar. Quién fuera el polvo que habita en cada rincón de este mundo, al que pisa cuando camina por la calle, quién fuera tan presente, aunque molesto, como lo es el polvo...

Quién fuera el rayo de sol que te ilumine o te encandile, quién fuera la almohada que te aconseja o te abraza, quién fuera la nube que nubla un sol que quema o el pasto verde que te recuerde lo bello que es la vida. Quién fuera todo lo que ves, lo que imaginas, lo que sueñas, quién fuera capaz de hacerte sonreír y vivir contigo. Quién fuera capaz de hacerte feliz toda la vida. Esa, esa misma, deseo ser yo.

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