"Fotografía. Fracasar. Fracción. Fractura. Fragancia. Frágil. Fragmento."
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I
Mis fantasmas son tan coloridos como el arco iris de tus ojos, tan coloridos como mi tristeza enmudecida. Mis fantasmas son tímidos, no hablan con nadie. Prefieren mantenerse callados, mantener un silencio sepulcral a menos que estemos solos en una fiesta donde los únicos que disfrutan son ellos, mis fantasmas. Mis fantasmas confían en mí, sólo conmigo se atreven a hablar.
Son estos pequeños fantasmas que crecen, que pasan de un simple recuerdo a toda una historia a tu lado. Fantasmas que están sin cesar acosándome, que parecieran aguardar el momento preciso para emerger de mis pensamientos y hacerme su presa. Recuerdos que me cogen desprevenida para hacerme llorar... No, ellos no lloran, ellos sólo disfrutan haciéndome llorar. Son como bullies en la escuela, en la escuela de la vida de la cual pareciera no haber aprendido nada, porque cada vez que tropiezo, me doy cuenta que ha sido la misma piedra la que me ha hecho caer.
¿Cómo deshacerse de los fantasmas?
Las limpias no me han servido. He desechado todo lo que me recuerda a ti, desde las cartas hasta los presentes, incluídos tu aroma, tu sonrisa, tus labios... tus pupilas palpitantes... He desechado todo, pero los idiotas fantasmas lo regresan a sus cajas como si fuera imperioso guardarlo todo. Son estos fantasmas que se empeñan en recolectar trocitos de corazón que pegan con mesura, pero que termina por romperse nuevamente... es frágil y tanta astilla en él y ausente de él han causado que se vuelva aún más frágil. Pepenadores de recuerdos son mis fantasmas.
Mis fantasmas de colores se enredan en tus cabellos, se resguardan en tus cabellos... se camuflan entre tus cabellos y se acuerdan de mí después de haber absorbido el color y el olor de tus perfumados cabellos... Con fantasmas, a pesar de los fantasmas, no encuentro manera de estar libre de ti, de mi adicción a tu existencia, de mi adicción a llorar tu ausencia...
Tengo frío y mis fantasmas no pueden hacer nada para quitarme este frío que cala los huesos y el alma. Sólo me recuerdan cuán calientita estaba al dormir a tu lado, contigo y en tí.
Los fantasmas no sólo son pasados, también lo son presentes... incluso son futuros, éstos más jóvenes son los más crueles, pues me hacen pensar en lo que hubiera sido de mi vida si siguieras en ella, como una caricia eterna, una sanguijuela que se robara mis penas...
¿Cómo pedir al tiempo llevarse a los fantasmas?
El tiempo es su aliado, tengo que hacerme aliada del tiempo. Necesito encontrar la manera de despojarlos del privilegio de prevalecer al pasar las horas, al pasar los días y al pasar tus “te amo” frente a mis labios, sobre los mismos como dulces chispas de sabores, de colores.
Fantasmas en mis labios.
II
Conocí el tiempo hasta que conocí a los fantasmas. Estos imbéciles fantasmas que no son más imbéciles que yo, pero que de igual forma, me permiten llamarlos estúpidos, adorables, agradables, hijos de puta... fantasmas al fin, no importando el adjetivo, el idioma o la sorna o la alegría con que se les nombre, siguen siendo mis fantasmas.
Los fantasmas tan negros como tus ojos, tan rojos como tu boca, tan amarillos como tu sonrisa adicta al tabaco...
¿Quién tiene el antídoto contra los fantasmas?
Fui a la farmacia, al supermercado, al banco, al parque, incluso puse avisos en los árboles y postes de luz, en los tableros de la escuela y en los aparadores de las boutiques famosas, y de las no tan famosas también, esperando respuesta. Dejando cuanto dato fuera posible para comunicarse conmigo. Tal vez creyeron que no iba a pagar la suma necesaria, porque no recibí llamada alguna... Daría lo que fuera por que los fantasmas se fueran... o porque tu volvieras.
¿Qué tienen mis ropas que atraen a los fantasmas?
Las he quemado todas, incluso aquellas donde mi cuerpo orgiástico de abundancia, no cabía más, incluso aquellas que ni siquiera tuvieron contacto directo contigo. Me he quedado desnuda y los fantasmas han encontrado la manera de refugiarse en mi piel... Mi piel es el único hábito que me queda para andar por la casa... Tal vez lo que deba quemar es la casa.
III
¿Dónde estás?
¿y dónde están esos para siempre que nos prometíamos dentro de un abrazo que abrasaría incluso a los fuegos eternos? Un fantasma se acercó y me entregó una hoja doblada en dos: un corazón dibujado con tu nombre y el mío, un corazón que no pudo desafiar la existencia del tiempo... Un corazón como el tuyo o el mío.
¿Cómo aprender a amar a los fantasmas?
No existe ese sentimiento, no hacia los fantasmas. Lo que se siente por ellos es más bien la melancolía y la nostalgia...Tal vez, de momentos lo pasamos bien, pero después beben tanto de tus caricias que terminan borrachos de amor doloroso como terminé yo y se vuelven borrachos hostiles y agresivos... Ponzoñosos y violentos. Me golpean la cara con tu desprecio y la cabeza con tu cariño que ya no está como cura para mi cruda mental, mi cruda de ti...
Mis fantasmas suelen ser grises como el swearter que guardaba tu aroma y el de tu loción. Suelen ser rosas como las del 15 de agosto, del 20 de abril, del día y la hora precisos,de la fecha imprecisa, sin importar realmente si era una fiesta patria o un día como cualquier otro. Las rosas eran símbolo de la complicidad, del plan maestro de mi vida a tu lado.
¿Por qué me persiguen estos fantasmas?
Tal vez no han encontrado una persona más estúpida que sea tan sumisa como yo. Tal vez no han conocido a alguien que te extrañe tanto como yo, que comparta contigo tantas tonterías y pseudo- sabiduría, tantas aguas de jamaica o tantos tacos como yo.
IV
La tristeza es como la tela que te venden en la Parisina. Si no le dices a la dependienta cuántos metros debe darte, sigue sin cesar... hasta que se acaba el rollo de tela... Como aquella vez que fuimos a comprar cierres y terminamos comprando un helado en la nevería junto a la mercería.
V
La tristeza es como la merienda del preso; escaso el alimento pero larga la agonía dentro de esas cuatro paredes. El tiempo. ¿Recuerdas cuando...? No, no lo recuerdas, fue un sueño que ya no tuve oportunidad de contarte... para entonces, estabas a metros, kilómetros o a besos de distancia.
Sigo con frío... ¿por qué te fuiste?
VI
He apostado mi vida con el tiempo y creo que voy perdiendo... Mis fantasmas cada vez parecen reír más fuerte, mi sordera aún no los logra callar. Esta sordera que era imperioso desarrollar para silenciar a los fantasmas, para callar tu voz en mi memoria... Se ríen a carcajadas, como si fuera un chiste tan malo que no debiera ser jamás contado, pero que aún así, les causa gracia.
VII
¿Morir es la muerte de los fantasmas?
La idea me ha asaltado en mi lecho de muerte, pero así también ha crecido el acoso de mis fantasmas. No sonríen, sólo me miran, sonríen... Se ríen. Bailan a mi alrededor y se regocijan... Sin embargo, algunas veces, guardan minutos de silencio, tal vez temen que mi teoría de la muerte sea cierta. Tal vez temen morir conmigo a pesar de su amigo el tiempo...
VIII
¿Qué extraño más de tí? ¿Qué odio más: tu ausencia o tu presencia fermentada en mi memoria?
IX
Mis fantasmas lloran mi presencia agonizante, tiene miedo a que nadie más los piense, a que no puedan hablar nunca más con nadie... Quieren perder la timidez, pero temen que no haya alguien más que los recuerde con tanto fervor y con tanto cariño como lo hago yo.
Mis fantasmas empiezan a decolorarse o tal vez sean las cataratas las que me cuidan de verles.
Tengo tanto frío y tú tan lejos... y yo tan sola... y tú tan tuyo.
X
Mis fantasmas siguen siendo de colores tan vivos y tan muertos como siempre, siempre bañándose en tu aroma, en tus besos, en tus caricias y en tus pasos cansados y besados por el rayo de luna que entra por la ventana.
Mis fantasmas son tan coloridos como tu ausencia y son tan coloridos como mi tristeza enmudecida.
- L'anima sparita siguió desaparecida incluso después de la muerte. Deseaba con ansias que los fantasmas se fueran, al menos para esta alma atormentada y desaparecida. L'anima sparita murió o se perdió en un lugar cuya ubicación espacial aún se conoce.
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¿Qué extraño más de tí? ¿Qué odio más: tu ausencia o tu presencia fermentada en mi memoria?
ResponderEliminarMi niña gracias por tus palabras, que ya se han quedado en el corazón. Gracias por entender el dolor de una ausencia y el poder de la empatia y el acompañamiento, le amo.