L' anima sparita

L' anima sparita

domingo, 6 de junio de 2010

Estrellas

Desperté sin saber dónde me encontraba. Del techo colgaban estrellas de papel de mil colores. Logré recordar dónde estaba y giré mi cuerpo hacia un costado. Frente a mí, su pálida piel; sus ojos cerrados, el ceño relajado. Sonreí y pasé largo rato mirando su bello rostro... exquisito rostro.
Después de un rato, despertó y sus ojos dejaron ver la sorpresa que le causaba mi mirada posada en su faz.

- ¿Por qué no me despertaste?- dijo aún soñolienta.
- Porque... ¿Para qué despertarte, sabiendo cuán cansada estabas?
- Gracias... gracias por comprender- dijo apenada, esbozando esa sonrisa que me pedía ser robada, que mis labios pedían sobre de ellos.
- Sabes que te quiero, ¿verdad?- comenzó casi solemne.
- Obvio no más que yo- dije, sonriente.
- ¡Eso crees!- contestó soltando una risita.
- No voy a discutir eso contigo- dije simulando enojo.
- ¿Te enojaste?- preguntó apenada.
- No, imposible me sería el enojo- sonreí.
- ¡Gracias, te adoro!
- Yo igual.

Mientras platicábamos de banalidades, nuestros cuerpos se acercaban. No era incómodo ni la primera vez.
- ¿Sabes? Haberte conocido ha sido de las mejores cosas que me han pasado- dijo espontánea.
- Eso crees, yo opino que fue una maldición... el pago de tu karma- reí.
- ¡Qué grosería! ¡Ni un halago puedo hacerte!
- No es eso, es que... bueno, aún me pregunto cómo fue que el destino nos unió.

Sonreímos. Tomó mi mano por sorpresa. Apreté la suya con fuerza y así nos quedamos un rato, en silencio. Cara a cara.
- ¿Te preparo café?- preguntó después de un rato.
- No, gracias. Así estoy bien.
- Bueno, es que yo si quiero, pero...
Su celular sonó, un mensaje la interrumpió. Se giró dándome la espalda para alcanzar el celular sobre el bureau.
- ¡Qué lindo!- exclamó acercando el celular a mí- Me lo mando Diego. Léelo.
Contra mi voluntad, leí un mensaje ajeno que, con cada palabra, marchitaba un pedacito de corazón.
- ¡Pero no llores! Yo sé que está bien lindo, pero no es para tí- me dijo riendo.
- ¡Ya sé, tonta!- Me reí para ella. Guardé las lágrimas para mí.

Su rostro se iluminó desde el momento en que recibió el mensaje. Me dolía tanto no haber sido quien le alegrase la mañana, el día entero; ni habiendo pasado la noche en su casa.

La incomodidad se apoderó de mí, abruptamente.
- Mejor me voy- mascullé y me levanté de la cama de un salto.
- No, no te vayas. Quédate otro ratito- dijo con voz insistente.
- No puedo, nena, sabes que no puedo.
- ¡Pero si te quedaste toda la noche!
- Bueno, está bien. Otro ratito será.
- Ven, acuéstate- dijo mientras palmeaba la cama y se recostaba. No pude negarme. Su mirada ejercía un poder sobre mí que no podía, ni puedo, describir.

Abrazó una almohada larga y la puso entre su cuerpo y el mío.
- ¿Me quieres?- preguntó intrigada.
- Sabes que sí, hace rato lo discutíamos, ¿recuerdas?- dije.
- ¡Ay, le quitas lo divertido al juego! - refunfuñó y después sonrió.
Mis manos jugaban con sus lacios, largos y negros cabellos. Mi mirada estaba perdida en sus grandes ojos verdes.

Hubo un impulso que no pude controlar, que me obligó a hacer lo que contuve la noche anterior y hasta las 10: 47 de ese día. Tomé su mentón, me acerqué a ella y la besé, sin pudores. Por un momento, se resistió, pero después sus labios comenzaron a danzar con los míos un baile que no volverán a bailar de la misma forma. Sentí su música de manera tan distinta, con tanta fuerza y energía, pero también con tanta paz como jamás la había sentido.

Comprendí momentos después lo que pasaba y me alejé. Noté que su mano se había entrelazado con la mía, pero no supe si fue ella o si fui yo, quien tuvo la iniciativa.
- Te quiero- me dijo en un susurro.
- Yo te amo.- Me acerqué a ella, intentando besarla de nuevo. Se apartó.
- No, ya no- me dijo- Somos amigas, y así te quiero... No puedo... Diego...

Entendí lo que pretendía decír, aún con tantas pausas. Besé su frente, me levanté y salí de su recámara, sabiendo que sería la última vez que la vería.

1 comentario:

  1. Maldito creador que las hizo tan exquisitas y malvadas...por algo son prohibidas. Intensidad con intensidad, piel con piel, sentimiento con sentimiento,uno simplemente no puede con tanto...
    "Si existiera un Dios preferiría que fuera mujer y así hablarle de tu y de ti y que me aconsejara, preferiría que fuera mujer y amiga y que su sexo no fuera barrera, sino pretexto, que fuera mujer y amiga para que me consolara y cerrara mis heridas, si existiera un Dios preferiría que fuera como tú."

    ResponderEliminar