No te vistas todavía. Déjame contemplar tus cabellos enmarañados antes de que los cubra el rocío matinal. Afuera está haciendo frío, pero el calor de tu piel me arropa.
No te vistas todavía. Déjame mirar el castaño profundo de tus ojos antes de que los escondas detrás de tus anteojos. Afuera está el ruido, pero tu silencio me cautiva.
No te vistas todavía. Déjame perderme en tu sonrisa antes de que la máscara de la indiferencia se pose sobre ella. Afuera el mundo es implacable, pero tu cariño me da paz.
Por favor, no te vistas todavía. Déjame disfrutar tus hombros desnudos que serán cubiertos por el peso de la sensatez que uno debe simular. Afuera la gente hiere, tu calidez me sana.
Te ruego, no te vistas todavía. Déjame embelesarme con tu abdomen, con tus senos descubiertos antes de que los escondas debajo de las pesadas ropas que resguardan tu bendito cuerpo. Afuera el frío cala los huesos, pero tus besos me devuelven el calor que ansío.
Por lo que más quieras, no te vistas todavía. Déjame besar de nuevo tus piernas antes de que las cubras con el pudor de la sociedad entera. Afuera el mundo juzga, pero tus labios me consuelan.
Te lo pido, no te vistas todavía. Déjame escuchar tu hermosa voz antes de que la escondas detrás de un dejo de apatía. Afuera el mundo es sordo, tus oídos siempre atentos escuchan mis tonterías.
¿De qué forma debo pedirte que no te vistas todavía? Aún quiero besar tu aura, besar tu escencia, besar tus labios, tus manos, tu cuerpo. Déjame contemplarte desnuda de cuerpo, desnuda de alma, que afuera el mundo mata... Contigo aún me siento viva.
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