Cada día, muero un poco más; cada día, me siento un poco menos...
Dejé las cartas sobre la mesa. No quería saber más de mí ni del mundo, ya no quería perderme en las banalidades de la multitud; el ruido en mi mente era aún más fuerte que el ruido del centro de la ciudad en hora pico. Ya no podía llorar, las lágrimas ya no salían, se me habían secado los lagrimales una noche antes, después de dos o tres vasos de whisky.
Me senté sobre la cama y me perdí. No sé si por minutos o por horas, pero perdí la noción del tiempo. Agradecí haber estado alejada de la realidad, no sólo por poder evadirla y evadirme, sino porque así se me perdió un momento en la nada, tiempo que necesitaba que pasara más rápido, para no sentir, para no llorar, para no destruírme de a poco con cada minuto que pasaba.
Desdoblé un pañuelo que traía en el bolsillo del saco, lo desdoblé con cuidado y encontré dentro pedacitos de mi corazón. Sabía de antemano que no estaba completo, sabía que había caído al suelo en un descuido mío y resentido por tí, sabía que encontrar los trocitos faltantes, sería un asunto doloroso e innecesario...
Envolví de nueva cuenta aquél corazón que ya no latía, lo acerqué a mi pecho, de donde una vez salió para acompañarte a tí; ese corazón que creí querrías para siempre, ese corazón que no pareció ser suficientemente bueno o fuerte o grande o sensato... Ese corazón que no parecía estar cuerdo, pero era lógico que no lo estuviera si yo estaba loca por tí... Aún lo estoy.
Cavé un agujero en el jardín, un pequeño montículo de tierra quedó junto al zurco. Acerqué el pañuelo a mis labios y rodó una lágrima sobre mi mejilla, mojando el lienzo. Enterré el corazón, porque ahí era a donde pertenecía, era a donde debía ir. Ese corazón que me dio esta tierra, que se lo quede la tierra; ese corazón que me enmendó la humanidad, que se lo trague la tierra; que lo escupa la tierra, que lo vomite la tierra en forma de árbol y me regale frutos, muchos frutos. Que me regale corazones nuevos, corazones fuertes, hermosos, sensatos... Que me regale corazones vivos... tal vez uno de esos, sea suficiente para tí y suficiente para mí. Tal vez uno de esos, sea el corazón que esperabas y pueda regalártelo.

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