¿Por qué te mientes? ¿Por qué me engañas?
- Lo sé todo- te dije.
- Mientes. No sabes cuánto te amo, cuántas veces te he soñado y cuánto he dejado de pensar en todo por pensar en ti.
- Lo sé todo, te digo. Sé que ya no me amas, sé que con quien sueñas no soy yo y que piensas en todo, menos en mí.
- ¿En qué basas tu juicio para ser tan dura?
- En tu mirada, ya no es la misma. Tus besos ya no saben igual y tus caricias ya no las recuerdo sobre mi piel.
- ¿No crees que es porque estoy cansado del trabajo, del trajín diario?
- Más bien creo que, de lo que te has cansado, es de mí.
- ¡No entiendo! ¡Coño, mujer! ¿Qué no me escuchas?
- Escucho tus palabras, y también a tu corazón pidiéndote clemencia cuando me dices que me amas, yo sé que no es así.
- Claro que lo hago, más que a mi vida.
- Nunca creí que valoraras en tan poco tu vida.
- ¿Te estás rebajando y jugando a la víctima acaso?
- Jamás lo haría; lo sabes, lo sé. Me conoces y te conozco tan bien que sé que sabes que no es así.
- Entonces... ¿Cómo te diste cuenta?
- En tu mirada que ya no es la misma...
- ¡Eso ya me lo dijiste! Aunque creo que estás en un error.
- Puede ser, siempre me he equivocado.- Tal vez estés muy equivocada.
- Puede ser...
***
- ¿Y estas flores?
- Son para ti, mi vida. Toda mi vida es tuya, las flores son sólo un regalo.
- Gracias, mi amor. Jamás me habían regalado flores.
***
- ¿Y estas flores?
- Son para ti.
- Gracias. ¿Las puedes poner en el florero y ponerle agua?
- ...
***
- Toma.
- ¿Qué es?
- Ábrelo.
- ¡Qué hermoso collar! Pónmelo.
***
- ¿Quieres que te caliente la cena?
- Déjalo, mujer. Estoy cansado.
- ¿Te preparo la ducha?
- ¡Que me dejes!
- Está bien, pero no azotes la... Puerta.
***
-Te extrañé.
- Yo más, mi amor.
- ¿El café de siempre?
- El café. Nuestro café.
***
- ¿Por qué ya no me preparas la cena poco antes de llegar? Extraño esas atenciones.
- Siempre llegas cansado e inapetente. ¿Para qué hacerlo ahora?
- Tienes razón, buenas noches.
II
- Te extraño.
- Seguro no más que yo.
- ¿Qué nos pasó?
- No lo sé, seguro nos perdimos en un punto entre la rutina y el hartazgo. ¿Me quieres aún?
- Yo aún te amo, pero sé que tú ya no. AHORA estoy convencida.
- Perdóname... Yo no quería...
- Ya te había perdonado.
- ¿Seguiremos juntos?
- ¿Me preguntas de nosotros o de ella y tú?
- Nosotros.
- Me temo que ese nosotros no existe desde hace mucho tiempo.
- ¿Te irás?
- Es inevitable.

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