L' anima sparita

L' anima sparita

sábado, 27 de agosto de 2011

2. De las confusiones y confesiones

Aquí estoy, una noche más deseando no sentirme tan miserable como muchas lunas me he sentido ya. ¿La razón? Las respuestas pueden ser todas o ninguna; las respuestas sólo están en mi mente dando vueltas, revoloteando como mariposas frente a la red del cazador. No, no puedo atrapar ni una y estoy agotada de tanto correr tras ellas... aunque no por ello signifique que pretenda irme con la red vacía... al menos necesito una de esas aladas y escurridizas respuestas que escapan de mi red, de mi entendimiento.

Quizás por miedo a seguir cayendo, quizás por cobardía o por conveniencia, decidí aferrarme a una mentira que me resultó, si no buena, al menos sí creíble, al menos sí sensata y lógica. Sé que no fue lo mejor... ¡vaya que lo sé! pero era lo mejor que podía hacer con la mente tribulada y con el corazón hecho añicos. Era la mejor mentira que pudieran haberme dicho porque la creí, porque sentí alivio en esa frase, aunque también mucho dolor. Fue morfina para mi mente, para mi corazón y mi alma. Descansé después de mucho dolor, logré una falsa paz que no había logrado con la verdad... Pero toda droga se acaba y así mismo se acabó la mía cuando llegó galopando la verdad hasta mí sin poder frenarse mas que con mi ser que se encontraba frente de sí.

La verdad no tuvo frenos como no tuvieron frenos mis pensamientos una vez recibida la mentira. La verdad llegó de tus manos, de tus pensamientos, de tus razones y tu experiencia. Me confundí. Y no porque no lo creyera. No. Sino porque dejar atrás una mentira que me sabía a gloria la cambiaba por un futuro que me sabría aún mejor, pero que en el presente sabe más bien a incertidumbre... El sabor del cual me había hartado y que, a decir verdad, aún no me convence del todo... Tal vez a todo se acostumbre uno, pero ya no quiero comer más incertidumbre, su sabor es dulce y amargo y salado... Y picante... algo así como un café con azúcar, piquín y sal.

No dudo de tí ni del amor que te tengo, eso siempre ha sido cierto. Sólo sigo con la misma duda de siempre rondándome la mente... esa duda que me carcome las entrañas y pareciera darse un festín con ellas. Bien sabes que te amo y desearía que regresaras... Aún espero... Ahí viene otra cucharada de incertidumbre hacia mi boca. Espero no ensuciarme la playera, porque sé que es difícil quitar las manchas de ésta en la ropa.

Te amo y eso no ha cambiado...

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